Se prepara pensando en el otro, en lo que le gusta, lo que necesita, lo que le consuela.
Se ofrece sin prisa, como quien dice “tómate tu tiempo, aquí estoy contigo”.
Incluye detalles invisibles, como cortar la fruta en pedacitos, calentar el pan justo como le gusta, o envolver el bizcochito en servilleta con flor.
Se comparte en silencio o en risa, como un puente entre almas cansadas o alegres.
Se convierte en ritual, en ese momento del día donde el cariño se sirve en vaso pequeño.
Se adapta con ternura, como quien dice “sé que hoy no tienes hambre, pero aquí está por si acaso”.
Se recuerda después, como un gesto que dejó huella, aunque nadie lo haya nombrado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario