Sobre la cultura: Una merienda habla el idioma de la tierra. Si lleva guineo, queso del país o pan sobao, está contando la historia de un lugar, sus sabores y sus ritmos. Es una postal comestible de lo que somos.
Sobre el cariño: El modo en que se pela la fruta, se acomoda el vasito, se incluye “lo que te gusta”... todo eso dice: te veo, te cuido, te quiero bien. El cariño se sirve en detalles.
Sobre la costumbre: Hay meriendas que repiten gestos heredados: el cafecito con galleta, el jugo de parcha en vaso plástico, el pedacito de bizcocho envuelto en servilleta. Son rituales que enseñan sin palabras.